¡Ax, mangará! Sería ése tal vez el título hipercorrecto de Anagramax, un apasionante volumen que recorre un trayecto de 20 paradas del universo léxico en clave lúdica.
Liba si fugare para los avezadox o Blai Figueras en el mundo real nos lleva desde la mismísima sede de la ONU, capítulo imprescindible de todo libro, salvo en La Rayuela de Cortázar, hasta un lógico ENVITE de futuro a los lectores…
Tras fijar las reglas del juego y definir qué es un anagrama – sin la equis final – seguido por una breve incursión histórica que se remonta hasta la época helénica, Blai nos introduce en el primer nivel de complejidad de los anagramas, desde 4 letras hasta 8, no siempre fáciles de encontrar. Cabe decir que en todos los casos se trata de vocablos en su forma estándar, no flexionada, tal y como se mencionan en la última edición del DRAE, diccionario de referencia utilizado a lo largo del libro, y que al aplicar esta propiedad, también son únicos.
El segundo capítulo ya pone el listón más alto, y nos propone unas adivinanzas sui géneris en que el término faltante de una frase se obtiene al transponer las letras de la palabra resaltada. Quizá para reforzar el vínculo con el diccionario de la Real Academia o tal vez por mor a la latinidad, el primer ejemplo juega con las palabras AMOR y ROMA.
Para hacer más amena la labor enigmística, los anagramas se agrupan en categorías semánticas, como nombres propios de personas, países, ciudades etc. Como siempre, el lector puede averiguar su grado de acierto, al consultar las soluciones al final del capítulo.
En una nota aún más elaborada, el tercer capítulo enlaza ya multianagramas en una espiral creciente cuya solución representa una frase notable. Idea que se repetirá dos capítulos más lejos, al tratar de proverbigramas y refranagramas. Y ya con el objetivo – suponemos – de afianzar, por un lado, los conocimientos adquiridos, y, por otro, el de ampliar nuestras nociones de los distintos campos semánticos avifáunicos o toponímicos, Blai nos brinda un capítulo más en forma de glosario de términos.
¿Y los publigramas? ¿Cuál será el anagrama, entendido igual como símbolo, de un coche pongamos LOPE? ¿O las tiendas AZAR? Lo comprenderemos siempre que recorramos el quinto capítulo.
Un testimonio más de la ingeniosidad de Blai se refleja en las secciones en que el tema combinatorio se entrelaza con la disposición geométrica utilizada como sustento para las palabras reconstruidas: pirámides, dianagramas o hexagramas son algunos ejemplos.
Ni los aficionados al sudoku o al juego de scrabble verán defraudadas sus expectativas. El porqué es muy sencillo, los anagramas están en todas partes, y si creyésemos a Blai, incluso los respiramos en el día a día.
Afortunadamente el libro Anagramax ofrece al ávido lector muchas más sorpresas que no vamos a revelar, salvo que el ENVITE final coincide con un rápido repaso a una materia conexa, los palíndromos.
Y si el autor reconoce que “YO HAGO YOGA HOY”, una actividad desde luego muy saludable, no lo es en menor medida el adentrarse en el mirífico anagramundix. ¡Nube vieja!

